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Carlos Casares, Cuna de un Principe

• Arriba •
• Carlos Casares, Cuna de un Principe •
• Para un Toro y un Chivo •
• Retrato de Roberto Mouras •
• Bandera a Cuadros •

 

CARLOS CASARES, una ciudad como tantas otras de la provincia de BUENOS AIRES, con sus virtudes y defectos, con sus cosas bellas y otras que no lo son tanto, pero para nosotros que sentimos un cariño tan especial por ella, es sin dudas, lejos la mejor del país.

CARLOS CASARES, cuna del girasol argentino, cuna que cobijó a muchos inmigrantes que con sus manos rudas  vacías y portando como única pertenencia una miserable valija cargada de una mezcla de ilusiones y temores, llegaron a nuestra bendita tierra donde echaron raíces cual legendarios árboles y con su trabajo y sacrificio contribuyeron para que nuestra zona creciera notablemente.

CARLOS CASARES, cuna del girasol argentino, cuna de tantos hijos que muchas veces aún desde el anonimato han dejado muy bien sentado el prestigio de esta ciudad en diversos puntos del país. Cuna de grandes personalidades, cuna de tantos emprendedores que a través de distintas disciplinas, profesiones y habilidades, sobre todo deportivas y culturales, han llevado como estandarte el nombre de nuestra querida ciudad por muchos lugares, pero por sobre todas las cosas CARLOS CASARES ha sido cuna de un campeón, máximo embajador de nuestro pueblo, campeón de automovilismo y mucho más precisamente de la categoría más popular del país, el turismo de carretera, nuestro siempre recordado “TORO” ROBERTO JOSÉ MOURAS.

Nacido en Moctezuma el 16 de febrero de 1948 pasó su etapa de niñez en esa localidad para domiciliarse después en CARLOS CASARES donde a pesar de su corta edad comenzó a hacer sus pequeñas travesuras conductivas en un BERGANTÍN IKA  propiedad de su abuela, pasando a “despuntar el vicio” del automovilismo con un legendario CHEVROLET 400, marca de la cual era fanático, participando en categorías zonales, saltando luego al turismo mejorado  nacional, debutando en el año 1970 en el turismo de carretera, logrando aquel fatídico 22 de noviembre de 1992 en el circuito semi-permanente de LOBOS, con un triunfo otorgado post-morten, la victoria número cincuenta de su rico historial deportivo, destacándose en su trayectoria el tri-campeonato logrado en los años 1983, 1984 y 1985 con la marca DODGE.

Aquel triste 22 de noviembre cuando eran las 12:35 horas el CHEVROLET azul y blanco N° 9 conducido por el “TORO” MOURAS, acompañado de AMADEO “HUEVO” GONZALEZ, luego de sufrir el reventón del neumático delantero izquierdo se despista y pega de lleno contra un talud de tierra y luego de girar tres veces sobre su eje vertical queda inerte en sentido inverso a la carrera con el habitáculo totalmente destrozado, esa trampa mortal que se llevó a uno de los más grandes exponentes del automovilismo, allí quedaba en ruinas lo que hasta hacía unos instantes había sido el último trono de “EL PRINCIPE” de CARLOS CASARES.

El “COCO”, su auténtico y primer apodo, murió fiel a su estilo, acelerando a fondo, fue el hombre símbolo de la categoría, respetado y admirado por sus adversarios, piloto de guantes de seda y pie derecho de plomo.

Los años siguen pasando y quienes vemos que el característico color ceniza se va adueñando de la superficie de lo que en otras épocas ha sido nuestra colorida cabellera aceptamos los cambios que nos impone el progreso pero con mucha nostalgia, sobre todo quienes pertenecimos a humildes hogares, sentimos la profundidad del abismo comparando estos tiempos y los anteriores al recordar aquellos domingos en familia mientras disfrutábamos cada mediodía saboreando los exquisitos tallarines con tuco amasados con mucha dedicación y amor por nuestra querida “vieja”, acompañado con un vaso de tinto “berretón” de damajuana deleitándonos con la transmisión de las carreras de turismo carretera a cargo de la audición “CARBURANDO” que salía impecable por el parlante de la vieja radio “NOBLEZA” de mueble de madera perfectamente conservado y a la cual si sobraba algún  “mango” le colocábamos las cuatro  “EVEREADY” nuevas para la ocasión para “sentir” mejor y si no había para el cambio de pilas recurríamos a la acostumbrada práctica de echarle un  “chorrito” de agua a la antena de tierra con la maltrecha regadera de zinc que nuestro “viejo “ usaba para la quinta y de esta manera poder escuchar con más nitidez cuando GAGLIARDI desde el avión buscaba un punto de referencia y mandaba el clásico “top” y CACHO GONZALEZ ROUCO ubicado en la cabina central hacía los cálculos matemáticos y expresaba con demasiada frecuencia lo que para nosotros ya era como una costumbre: ¡¡¡ PRIMERO EL DE CARLOS CASARES !!!!, ¡¡¡PRIMERO EL “TORO” DE CASARES !!!, ¡¡¡VIENE PRIMERO MOURAS!!!.

La vida continúa y hasta pareciera que volara entre nubes de tristeza y emociones, ya se van a cumplir trece años de la trágica desaparición física de nuestro “PRINCIPE” y el paso del tiempo que es considerado un bálsamo no ha logrado cerrar esa profunda herida que aún hoy sigue sangrando y en cada lugar del país donde se presente la categoría mas popular del automovilismo argentino y se escuchen los inconfundibles rugidos de los motores de carrera con sus maravillosas sinfonías de escapes que nos hacen poner la “piel de gallina”  a quienes admiramos y llevamos en la sangre este hermoso deporte de los “fierros” y esa mezcla de olores característicos, rebajes, derrapes y recuerdos, con seguridad que por allí andará girando el alma de nuestro querido “TORO” MOURAS , el de CARLOS CASARES, cuna del girasol argentino, quien aquel inolvidable 22 de noviembre cuando se detuvo el cuentarrevoluciones de su noble corazón decidió seguir corriendo en un circuito sin taludes de tierra llamado PAZ, ubicado en el inmenso cielo y adornado con brillantes estrellas para triunfar en la carrera de la GLORIA y con la corona de laureles que identifica a los ganadores colocada sobre el  cuello descansar en el escalón más alto de un podio celestial acompañado de DIOS y vivado por una multitud de ángeles blancos.

 

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Haroldo Dilagosto

Localidad Smith

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